20.000 leguas de viaje transalpino (1ª parte)
Procuraré no extenderme mucho con los detalles…
Equipaje: maleta con ruedas, mochila y bolsa de bocadillos y enseres de limpieza de boca.
Jueves, 13:30: salgo de Atocha, con dirección Barcelona, previo acopio de revistas. Durante el viaje: bocatas, limpieza de dientes y enjuagues de agua con sal. Siesta. Más enjuagues. 18:30: llego a Barcelona-Sants, Cercanías hasta Barcelona-França. Compro pasatiempos.
20:40: monto en el Elipsos de Milán, me entero de que es el mismo que va a Zurich al separarse los vagones de un destino y otro en una localidad francesa. Antes de subir, control de pasaportes de la Policía Nacional.
Flipo un poco con lo sucio que está el Trenhotel, me alegro de haber pedido "butaca superreclinable" en vez de cama. Saco la bandeja del reposabrazos y descubro, como los osos del cuento, que "alguien ha comido en mi bandejita".
Bueno: casi mejor me como el bocata sobre una servilleta en mi regazo. Limpieza de boca y enjuagues. Leo, hago pasatiempos, me acomodo procurando no molestar al personal, tarea para la que por desgracia siempre hay voluntarios.

Ya vamos por Francia. Paramos en un pueblo, sube una persona. Enjuagues y a dormir. Las condiciones son estupendas: calorcito, silencio, poca luzzZZZzZZ…. ¡Flash! Control de pasaportes de la "Gendarmerie", para el cual encienden todas las luces del vagón de pronto, a las 7:00 del viernes. Parece que estamos a punto de salir de Francia.

Ya no consigo conciliar el sueño, de todas formas me entretengo con el paisaje montañoso que es alucinante, y cuando deja de serlo cojo los pasatiempos y me ayudan haciendo honor a su nombre. A las 10:20 y con cincuenta minutos de retraso por fin llegamos a Milán. Control de pasaportes de los "Carabinieri" en el andén. En el baño de la estación hay que pagar 0,20€ para entrar¿?.
¡Estoy en Milán, y me quedan cuatro horas para irme!;) Cojo un taxi que me lleva a la estación de autobuses Autostazione Porta Garibaldi desde donde saldré a Budapest. Confirmo la hora y que no hay ningún problema. Dejo el equipaje en la consigna de la estación de tren contigua, y me dispongo a ver la parte de la ciudad que me de tiempo.
Para evitar perderme decido ir en "linea recta" por las calles que voy encontrando en dirección a lo que me imagino que es el centro de la ciudad (no tenía ni un mísero mapa). De esa forma me topo con obras en Piazza 25 Aprile.

Continúo mi paseo. Constato no sin sorprenderme el tópico sobre la elegancia milanesa: hasta los barrenderos llevan el uniforme con clase. En un bar me tomo una cerveza (y me enjuago). Entro en unos almacenes de ropa dispuesto a comprarme algo en la capital de la moda y salgo con una corbata (algo que no uso jamás) muy bonita.
Entro en un restaurante a las 13:00 dispuesto a reservarme los bocadillos que me quedaban para el viaje en autobús (todavía me quedaban: había salido de España con 2 chapatas en bocadillos) y me como una pizza cuatri stagioni deliciosa.
No tomo postre por miedo a perder el autobús. Lavado de dientes y enjuague de rigor, y a la estación de autobuses después de recoger las maletas en consigna.
Esperando a que el autobús abriera, una chica se me acerca hablándome en húngaro. Le digo en inglés que no la entiendo, y medio en inglés medio en italiano me empieza a bombardear a preguntas, con una curiosidad desmedida que pronto se convierte en puro cotilleo. Unas cuantas caras largas (al fin y al cabo llevaba ya más de 24h de viaje y había dormido de aquella manera) le hicieron perder el interés.
14:30 Partimos. La húngara preguntona, una señora y yo somos los únicos ocupantes. Más tarde iré descubriendo que el grueso de los viajeros irá subiéndose a lo largo de todas las paradas que nos esperan: Bérgamo, Brescia, Verona, Pádova, Mestre, Venecia, Udine. Es increible la congestión de las carreteras/autopistas italianas. También son increibles (por temerarias) las maniobras del conductor húngaro.
¡Peliculón de autobús!: Los visitantes no Nacieron ayer… ¡¡en húngaro!! Ni que decir tiene que no entendí una sola palabra. Bueno, ya la había visto, y de todas formas me río con los gags visuales. Finiquito lo que queda de bocatas, y limpieza de dientes y enjuague al uso.
Control de pasaportes por parte de la policía austriaca (¡cachis!, estos no se cómo se llaman… ¿Polizei? ¡Gloria, ayudame!) al atravesar su frontera, a eso de las 23:00. Plácido sueño con el gorro puesto, diversas paradas en las que aprovecho (cómo no) para los enjuagues pertinentes. Sobre las 5:00 del sábado, luces y control de pasaportes en la frontera húngara (ahora ya sí que no tengo ni p* idea) y parada del autobús al poco: ¡Ya estoy en Hungría por 1ª vez en mi vida!. Un cajero me escupe la tarjeta 2 veces, y no vuelvo a probar suerte, temeroso de que se la trague definitivamente. Los primeros florines los saco en Budapest, cuando llego a la estación de autobuses a las 6:30, una hora antes de lo previsto (¡al final sólo 16!). Saco 60 florines (creo recordar que 30€ al cambio), y aún a pesar de las advertencias de Santi (y de que en Bucarest también son unos aguilillas y ya me la se) me estafa un taxista: me pide 60 (curiosamente todo lo que llevo) le digo que eso era imposible, le doy el billete de 50 quedándome el de 10 y se pira tan feliz (lo cual me confirma que me está timando, incluso más de lo que creía). Pero me da igual porque ya estaba en casa de Santi, y al fin podía descansar en una cama, tras 40 horas de viaje.
.