¿¡Por qué siempre me pasa todo lo malo a mí y a mi cerveza!? -Homer-
Estoy hecho un pupas…
Ha pasado mucho tiempo desde la anterior entrada. Como muchos ya sabéis tuve que volver a España para ser operado de la boca, pero me ahorraré los detalles que, por repugnantes, en todo caso hay que contarlos en persona para ver la reacción que provocan en el interlocutor
. Resumiré diciendo que cuando me enteré de que me tenían que intervenir con anestesia general un escalofrío me recorrió el cuerpo. Me lo dijo un cirujano maxilofacial rumano que desprovisto de guante alguno y con un pulso no apto para robar panderetas, estuvo examinándome a conciencia con sus dedos morcilloformes introducidos en mi boca. En defensa de los médicos rumanos diré que salvo este último (y más por las formas que por el fondo) en general me produjeron buena impresión, si bien los medios con los que cuentan dejan bastante que desear. Y de la sanidad pública y sus instalaciones no hablaré de momento, pero adelanto que es como para echarse a llorar. Así que no me quedó más remedio que volver a España para ser operado.
Mhhh… iba a poner una foto ilustrativa de como me dejaron la boca tras la operación, pero ídem que con los detalles.
El caso es que una vez medio recuperado (estas intervenciones orales son de recuperación leeenta, todavía ni siquiera lo estoy del todo y sospecho que me quedan meses de secuelas) "me vi obligado" a volver a Bucarest por tierra, ya que el médico me prohibió volar en avión en los 40 días siguientes a la operación. ¿Cómo abordar un viaje de más de 3000 km? ¿Tren?. ¿Autobús?. El señor Síndrome de la Clase Turista desaconsejaba esta 2ª opción.
